brandmale



En medio del bosque, viviendo en una especie de cabaña primaria, con sus caras arrugadas, ensuciadas del negro polvoriento de lo que producóan, me atraían más que todas las lecciones y explicaciones sobre la naturaleza que nos solía dar mi padre. Al final de una larga caminata por ese mar de árboles, hundidos en la bruma que impregna todo el paisaje a éstas alturas del año, se dibujaban las piras fantasmagóricas sobre el fondo gris del atardecer y se entremezclaba el humo que salía de ellas con la niebla. Entre las piras, apoyándose en sus rastrillos y palas, los carboneros vigilaban silenciosamente, casi mudos e inmoviles como esculturas, la labor que llevaría a cabo el fuego, inperceptiblemente escondido debajo de las tierras húmedas, que impedían que se quemara todo como en un fuego de paja.
Recuerdo ésta impresión, que me llenó de una curiosidad angustiosa.

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